Carmen Peláez, investigadora: “Creemos que la comunicación son solo las palabras que transmitimos, pero es mucho más”

Actualizado: 7 oct
La catedrática e investigadora de UC3M4Safety ha participado en el desarrollo de una tecnología, que permite detectar indicios de violencia de género a partir de la voz.
En un momento en el que la inteligencia artificial se abre paso en ámbitos sensibles de la vida cotidiana, la Universidad Carlos III de Madrid lidera una investigación pionera para detectar indicios de violencia de género en la voz. Carmen Peláez reflexiona sobre cómo el miedo y el trauma pueden dejar huellas en la forma de hablar y reivindica una idea clave: la comunicación no es solo lo que decimos, sino también cómo lo decimos.
¿Cómo surgió la idea de investigar si la violencia de género puede detectarse a través
de la voz?
Pues un poco por casualidad, por serendipia. Teníamos un proyecto en el que estábamos desarrollando dispositivos para alertar de si una persona estaba sufriendo una situación de riesgo o era víctima de violencia de género. Pero para eso, necesitábamos aprender cómo se siente una persona cuando alguien le ataca.
Y, ¿cómo se procede a partir de ese momento?
Grabamos una base de datos en la que había mujeres víctimas y no víctimas de violencia de género. Les colocamos unas gafas de realidad virtual con una serie de estímulos que habíamos desarrollado específicamente para esto y nos dimos cuenta de que las reacciones eran diferentes.
¿De qué manera eran diferentes?
Bueno, ya teníamos la percepción de que serían diferentes, pero es cierto que en las mujeres víctimas aparecía más activación ante las imágenes. Era mucho más intenso. Entonces, una compañera me pregunto si esa reacción se podría detectar directamente en la voz. Tengo que confesar que al principio le dije que creía no. Pero como teníamos los datos, pensamos, vamos a probar a ver qué pasa.
Para alguien que no sea experto en inteligencia artificial, ¿cómo explicaría que un algoritmo pueda detectar indicios de violencia solo escuchando una voz?
Fíjate que la voz es algo completamente personal. De hecho, hay sistemas biométricos que pueden identificar quién eres a través de la voz. Por supuesto, tienen siempre una posibilidad de error, eso hay que tenerlo en cuenta. Pero es algo tan particular como, por ejemplo, tus huellas dactilares o el iris. Todo lo que vives afecta a la voz. Si hablas con una amiga por teléfono puedes notar si está deprimida, eufórica, si está enferma...Nosotros decimos que son características paralingüísticas, porque no es lo que te dice, es cómo te lo dice. Y eso te permite saber muchas cosas.
¿Crees que esta herramienta podría utilizarse también para detectar otras situaciones?
Se pueden detectar muchas cosas en la voz: enfermedades de tipo neurológico, enfermedades que afectan al habla... Se puede y de hecho se hace. A mí me gusta pensar que pueda ser así, que, en lugar de hacerte un análisis de sangre, puedas hacerte un análisis de voz.
Por lo que dices, ¿crees que en el futuro podría llegar a integrarse en líneastelefónicas
de ayuda o en consultas médicas?
Totalmente. Además, es nuestra idea. Una vez que el sistema esté desarrollado no es muy costoso computacionalmente y yo creo que sería relativamente sencillo. A veces a las propias víctimas les cuesta reconocerse como tal. Pero creo que, si estos sistemas estuvieran integrados en una línea de ayuda, el profesional que atiende la llamada podría detectar algo extraño incluso aunque la persona estuviera consultando por otro motivo y, a partir de ahí, iniciar un seguimiento.
Háblame de UC3M4Safety, ¿cómo surge?
Nosotras confiábamos en que a través de la tecnología también se pudiera hacer algo para ayudar a las mujeres. Sobre todo, porque es un problema que afecta a muchas personas y en el que no se usan todos los recursos adecuados. Hablamos con el Instituto de Género, con gente de los Puntos Violeta, y con un montón de personas para saber realmente qué es lo que necesitaban estas mujeres. No queríamos desarrollar una tecnología que fuese cosa solo de ingenieras. Queríamos que respondiera a una necesidad social.
Volviendo a la investigación ¿cómo puede la voz revelar huellas de trauma o estrés, aunque el contenido de lo que se dice sea aparentemente normal?
Las mujeres víctimas de violencia de género viven en una permanente alerta, viven con mucho miedo. Y claro, esto al final te afecta a la voz, a la forma en la que hablas, los tonos que utilizas...Pensamos que la comunicación es solamente las palabras que transmitimos y no, es mucho más.
Precisamente por ese miedo del que hablas, ¿ha sido complicado conseguir que las víctimas se presten a las pruebas?
Reclutar víctimas es super complicado. Además, nosotras exigimos que no tengan estrés postraumático porque no queremos revictimizarlas ni hacérselo pasar mal. Requiere de un seguimiento psicológico y una preparación antes de la prueba. Es algo realmente costoso.
Y en una tecnología como la inteligencia artificial, que plantea tantas dudas sobre la privacidad de los datos, ¿ha supuesto un reto proteger la identidad de esas víctimas?
Bueno, ha sido un reto importante sí. Todas nuestras propuestas pasan por el comité ético de la universidad y de protección de datos. Desde luego, es más complicado trabajar cuando tienes que cuidar la privacidad y eso no siempre se tiene en cuenta. En
algunos trabajos se avanza más rápidamente, pero pisoteando todo tipo de derechos.
¿Cuál es el siguiente paso para esta tecnología?
Quizás obtener más capacidad de generalización, de abordar distintos grupos. Hemos reclutado personas en Leganés, Getafe... pero no dejan de ser personas con unas características determinadas. Quizás si ahora nos lleváramos el sistema al otro lado del charco no funcionaría bien o daría resultados diferentes. Habría que llevarlo a la calle, sacarlo del laboratorio y ponerlo en funcionamiento en modo prueba, a ver qué ocurre.
Y ¿qué otro tipo de avances se pueden dar próximamente?
Pues fíjate que muchas de las víctimas que han venido a hacer las pruebas se van muy contentas, hasta el punto que hemos pensado en intentar hacer sistemas de ayuda de recuperación. Ellas vienen y se enfrentan a sus miedos y la sensación de que han podido con ello y de que hay otras muchas mujeres en su situación es muy reconfortante. Se pueden hacer cosas muy importantes, pero claro también requiere de financiación. Hay que pensar que estas personas no solo lo están pasando mal personalmente, sino que el papel que podrían jugar en la sociedad se está perdiendo totalmente.
¿Qué tal eso, la financiación, me refiero?
(Ríe). Hemos tenido varios proyectos, un proyecto del plan estatal del Ministerio de Investigación, un proyecto de INCIBE, alguna ayuda del Consejo Social de la universidad... Pero ahora mismo estamos en un periodo en el que necesitamos más apoyo.
Por último, ¿cómo ves el proyecto dentro de 5 años?
Bueno, pues yo espero que hayamos podido hacer más pruebas, convencer a las instituciones de que esto tiene grandes beneficios y que podamos verlo instalado en muchos lugares y, sobre todo, que transmitamos esa idea de que la inteligencia artificial tiene unas capacidades muy beneficiosas que a veces no se ven. Me gustaría que en cinco años hayamos llegado a los lugares adecuados.





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