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Cuatro hallazgos científicos transforman la historia de la medicina y la biología moderna

Giovanna Bocchio
5 oct
3 min de lectura

Actualizado: 6 oct

Científicos de todo el mundo han desarrollado avances revolucionarios durante el último siglo para erradicar enfermedades mortales y descifrar el material genético de los seres vivos. Desde el hallazgo de los antibióticos en 1928 hasta el diseño de las vacunas de ARN mensajero,la investigación biotecnológica ha permitido duplicar la esperanza de vida global, perfeccionar la edición genética y crear tratamientos médicos personalizados en tiempos récord.


El desarrollo de la sociedad actual no se explica únicamente a través de acontecimientos políticos o conflictos bélicos, sino mediante momentos clave en los que la ciencia transformó de forma drástica la salud de la humanidad. A lo largo del último siglo, cuatro descubrimientos fundamentales marcaron un cambio de paradigma en la medicina: la penicilina, la estructura del ADN, las ‘tijeras moleculares’ CRISPR y la plataforma de ARN mensajero (mRNA).


La era de la antibioterapia


Antes de la década de 1930, una pequeña herida infectada o una complicación médica común podían causar la muerte. En septiembre de 1928, el médico Alexander Fleming descubrió en su laboratorio de Londres que un hongo destruía de forma natural a las bacterias Staphylococcus. A este compuesto activo lo denominó penicilina, iniciando una revolución en el tratamiento de patologías infecciosas.


Años después, un equipo de la Universidad de Oxford logró aislar y producir el compuesto a

gran escala. Su aplicación masiva permitió salvar miles de vidas durante la Segunda Guerra

Mundial y dio paso a la era de los antibióticos, extendiendo la expectativa de vida promedio en más de dos décadas a nivel mundial.


El bacteriólogo Alexander Fleming observando un cultivo en su laboratorio del St. Mary's Hospital de Londres. Fuente: Historia National Geographic.
El bacteriólogo Alexander Fleming observando un cultivo en su laboratorio del St. Mary's Hospital de Londres. Fuente: Historia National Geographic.

El mapa de la estructura genética


Hacia mediados del siglo XX, los investigadores eran conscientes de que los rasgos biológicos se heredaban de generación en generación, pero desconocían la estructura física encargada de almacenar dicha información. En abril de 1953, James Watson y Francis Crick publicaron la descripción tridimensional del componente biológico fundamental: la célebre doble hélice del ADN.


Este avance fue posible gracias al trabajo de la científica Rosalind Franklin, cuyas imágenes por difracción de rayos X revelaron la forma en espiral del ácido desoxirribonucleico.

Comprender la forma del ADN permitió descifrar la manera en que las células replican sus instrucciones internas, dando origen a la biología molecular moderna y a las pruebas para detectar patologías genéticas.


James Watson (izquierda) y Francis Crick (derecha) junto a su modelo tridimensional del ADN en el Laboratorio Cavendish de Cambridge (1953). Fuente: A. Barrington Brown / Science Photo Library.
James Watson (izquierda) y Francis Crick (derecha) junto a su modelo tridimensional del ADN en el Laboratorio Cavendish de Cambridge (1953). Fuente: A. Barrington Brown / Science Photo Library.

La edición genómica de precisión


A pesar de los avances en genética durante décadas, modificar el código interno de una célula era un proceso costoso e impreciso. En 2012, las investigadoras Emmanuelle Charpentier y Jennifer Doudna diseñaron el sistema ‘CRISPR-Cas9’, una herramienta inspirada en el mecanismo de defensa de las bacterias contra los virus.


Esta tecnología funciona como unas ‘tijeras moleculares’ programables que cortan secuencias específicas del material genético. Al detectar un error dentro del ADN, el sistema permite eliminar mutaciones defectuosas e insertar fragmentos correctos, abriendo la puerta a curas para afecciones como la anemia de células falciformes y diversas distrofias hereditarias.


Jennifer Doudna (izquierda) y Emmanuelle Charpentier (derecha), bioquímicas galardonadas con el Premio Nobel por el desarrollo de la técnica de edición genética CRISPR-Cas9. Fuente: Fundación.
Jennifer Doudna (izquierda) y Emmanuelle Charpentier (derecha), bioquímicas galardonadas con el Premio Nobel por el desarrollo de la técnica de edición genética CRISPR-Cas9. Fuente: Fundación.


Las instrucciones celulares de inmunidad


El método tradicional de vacunación utilizaba gérmenes debilitados para entrenar al organismo. La plataforma de ARN mensajero funciona de forma diferente: en lugar de introducir un componente del patógeno, entrega un mensaje temporal a las células para que estas fabriquen una proteína inofensiva capaz de activar las defensas del cuerpo.


Este hito fue encabezado por Katalin Karikó y Drew Weissman, quienes descubrieron cómo

modificar estas instrucciones para evitar inflamaciones graves al ingresar al organismo. Su trabajo permitió desarrollar vacunas seguras en tiempo récord durante la emergencia sanitaria global del COVID-19 y actualmente se aplica en el diseño de inmunoterapias contra el cáncer.


Katalin Karikó (izquierda) y Drew Weissman (derecha), investigadores pioneros en las modificaciones del ARN mensajero para el desarrollo de vacunas. Fuente: Penn Medicine
Katalin Karikó (izquierda) y Drew Weissman (derecha), investigadores pioneros en las modificaciones del ARN mensajero para el desarrollo de vacunas. Fuente: Penn Medicine


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