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Una cueva china aporta fósiles y más de 1.360 herramientas que muestran a los denisovanos como cazadores capaces

Foto del escritor: Miguel de la Sota
Miguel de la Sota
hace 3 días
3 min de lectura
Mandíbula denisovana recuperada de sedimentos oceánicos frente a la costa de Taiwán. Fuente: Yousuke Kaifu

Dos equipos internacionales han hallado en la cueva de Bianfu, en la provincia china de Yunnan, tres huesos, cuatro dientes y más de 1.360 herramientas de piedra de los denisovanos, un grupo de humanos antiguos. Los dos estudios, publicados en ‘Nature’ en septiembre de 2026, ayudan a entender cómo vivían, cómo eran sus cuerpos y sugieren que eran cazadores dotados.


Los restos humanos tienen entre 167.000 y 134.000 años, mientras que las herramientas son de un periodo más largo, de hace entre 70.000 y 190.000 años, según Qingfeng Shao, geocronólogo de la Universidad Normal de Nanjing que participó en los trabajos. Entre las piezas hay fragmentos de cráneo, dientes y el primer hueso del antebrazo (radio) que se conoce de un denisovano.


Sin embargo, identificar estos restos no fue tarea sencilla. Un equipo del Instituto de Paleontología de Vertebrados y Paleoantropología (IVPP), de la Academia de Ciencias de China, tuvo que buscarlos entre más de 60.000 fragmentos de huesos de mamíferos, casi todos de animales. Para saber cuáles eran humanos, analizaron proteínas antiguas y encontraron en varios de ellos una variante del colágeno (COL1A2), común entre todos los denisovanos conocidos.


Asimismo, es destacable la información que nos aporta en la actualidad el uso de las herramientas. De hecho, en la cueva hay miles de piedras talladas junto a muchos huesos de animales, lo que ofrece ideas sobre la alimentación y la tecnología de este grupo. ‘Nature’ explica que los objetos del yacimiento sugieren que eran “cazadores consumados”. Además, según la prensa especializada, en esa época solo habrían vivido allí denisovanos, lo que permite estudiar su comportamiento sin otras poblaciones humanas de por medio.


Mucho más que un hueso de Siberia


Los denisovanos se descubrieron en 2010 gracias al ADN de un pequeño hueso de dedo hallado en la cueva de Denísova, en Siberia. Hoy se sabe que se cruzaron con Homo sapiens y que parte de su ADN sigue en poblaciones actuales de Asia y Oceanía, pero había muy pocos fósiles con los que ponerles cara. Bianfu cambia esto al descubrir el que ya se considera el conjunto de restos denisovanos más grande conocido fuera de la cueva siberiana.


Los hallazgos, además, indican que estos humanos vivieron mucho más al sur de lo que se tenía en mente en un inicio y que quizá se encontraron y mezclaron con los antepasados de nuestra especie. Antes ya se había relacionado con ellos una mandíbula de la meseta tibetana y, el año pasado, se atribuyó a un denisovano el cráneo de Dragon Man, encontrado en el noreste de China.


Una cueva a punto de perderse


Por otro lado, algunos estudios reflejan que el yacimiento estuvo cerca de desaparecer. Según National Geographic, en 2019 unos operarios que restauraban la vegetación de una cantera abandonada en el condado de Heqing (Yunnan) encontraron huesos y piedras talladas en una cavidad enterrada. La mayor parte de la cueva ya estaba destruida.


Aun así, lo que quedó ha servido para dar pruebas materiales de la vida diaria de los denisovanos. Es un caso poco común, porque reúne en un mismo lugar fósiles, herramientas y restos de las presas. Los estudios no responden todas las preguntas sobre este grupo, ni resuelven las dudas de los científicos, pero aportan algo que faltaba, información mucho más allá de un solo ADN.

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