La delgadez extrema ligada a Ozempic aumenta la presión estética y el riesgo de trastornos alimentarios según alertan los psicólogos
Actualizado: hace 5 horas

Frame del videoclip ‘Petal’ de Ariana Grande. Fuente: YouTube
Psicólogos especializados en trastornos de la conducta alimentaria alertan que la visibilidad de cuerpos extremadamente delgados entre las celebridades aumenta la presión por alcanzar un ideal de belleza poco realista. Este auge está ligado a la comercialización de Ozempic, un medicamento que ayuda a la pérdida de peso.
El debate se reactivó en agosto de este año, tras el revuelo por la delgadez de Ariana Grande en el videoclip de ‘Petal’ y la reaparición de Jenna Ortega en redes. Sin embargo, por otro lado, un ensayo del ‘New England Journal of Medicine’ confirma que la semaglutida, el principio activo del medicamento, reduce de media un 14,9 % del peso y su buen uso puede ayudar a reducir las enfermedades de las personas con obesidad.
El detonante: dos casos en una semana
En agosto de este año, una semana después del revuelo por la delgadez de Ariana Grande en el videoclip de ‘Petal’, Jenna Ortega volvió a las redes sociales tras su parón por el rodaje de la serie ‘Miércoles’. En fotografías y vídeos de una entrevista aparecía con los brazos más delgados y con hombros, clavículas y esternón en los que se marcaban los huesos. Muchos usuarios de las redes sociales acusan a ambas celebridades de usar Ozempic para lograr su radical cambio físico.

Frame de la entrevista de Esquire a Jenna Ortega. Fuente: YouTube
Ozempic salió al mercado a finales de 2017 en Estados Unidos y a principios de 2018 en la Unión Europea. Su popularidad estalló cuando Kim Kardashian lo usó para perder más de siete kilos y poder lucir un vestido original de Marilyn Monroe, varias tallas inferior a la suya. Desde entonces se ha extendido entre celebridades como Demi Moore, Olivia Wilde o Emma Stone.
Lo que advierten los expertos
Muchos expertos afirman que este medicamento afecta negativamente a la salud mental, sobre todo de las mujeres. “Cuando juntas la obsesión histórica por la delgadez con el enorme poder de la industria farmacéutica, el resultado es una tormenta perfecta”, dice Laura Alberola Osorio, psicóloga sanitaria con máster en EMDR y Trastornos de la Conducta Alimentaria.
Paula Villapalos, psicóloga de la Unidad de Trastornos de Conducta Alimentaria del Hospital Universitario Quirónsalud, explica que, cuando la delgadez extrema adquiere gran visibilidad mediática se presenta como ideal de belleza, éxito y bienestar. Esto aumenta la presión por alcanzar un tipo de cuerpo que no es realista ni saludable para la mayoría de las personas.
Según la experta, el deseo de alcanzar ese ideal favorece la aparición de conductas de riesgo, como la restricción alimentaria, ejercicio físico compulsivo o el uso de estrategias poco saludables para perder peso, aumentando la vulnerabilidad al desarrollo de un trastorno de conducta alimentaria.
Los adolescentes son el grupo más expuesto a esta tendencia, pero también las personas con antecedentes de trastornos de conducta alimentaria o con una elevada insatisfacción corporal. También influyen la baja autoestima, el perfeccionismo por la imagen o una preocupación alta por el peso y la apariencia física, que se intensifica ante la exposición continuada a mensajes que idealizan un tipo de cuerpo.
Ante el aluvión de imágenes de extrema delgadez, Villapalos considera importante explicar a los jóvenes “que esos cuerpos no son representativos de la diversidad corporal que existe en la población”. También defiende que cada persona tiene una constitución, una genética y unas circunstancias diferentes, por lo que no existe un único cuerpo saludable al que aspirar.
También es útil mirar las redes sociales con sentido crítico, entendiendo que muchas imágenes muestran una versión seleccionada o editada de la realidad y que la apariencia física no permite conocer el estado de salud de una persona. Finalmente afirma que el objetivo no es convencerles de que esos cuerpos no existen, sino de que no tienen por qué convertirse en un modelo con el que compararse.
Qué dice la ciencia sobre el Ozempic
Otros afirman que Ozempic también puede tener efectos negativos en la salud, como náuseas o intolerancia a determinados alimentos. Según Antonio Salinas, delegado en Granada de la Asociación granadina de diabetes (Agradi), la consecuencia negativa más común es el efecto rebote cuando no se acompaña el medicamento de un buen estilo de vida.
Para dar respuesta a estas incógnitas, John P.H. Wilding junto con más de quince investigadores escribieron un artículo llamado ‘Once-Weekly Semaglutide in Adults with Overweight or Obesity’ (Semaglutida de administración semanal en adultos con sobrepeso u obesidad) publicado en ‘The New England Journal of Medicine’ donde analizaron el funcionamiento de este fármaco.
El estudio evaluó la semaglutida a 2,4 mg semanales, la dosis comercializada para la obesidad con el nombre de Wegovy. Ozempic contiene la misma molécula, pero a dosis menores y está autorizado para la diabetes tipo 2. Por eso en el artículo se menciona al medicamento como "semaglutida" y no con la marca Ozempic.
La hormona GLP-1
Cuando comemos, el intestino libera una hormona llamada GLP-1. Viaja hasta el cerebro y otros órganos y se une a unos receptores, que funcionan como cerraduras a las que la hormona encaja como una llave. Al hacerlo, el cuerpo interpreta que ya ha comido lo suficiente.
La semaglutida es un agonista del receptor de GLP-1: una molécula que encaja en esa misma cerradura y produce el mismo efecto que la hormona natural. La diferencia es la duración: el GLP-1 natural se degrada en pocos minutos, pero la semaglutida está modificada para permanecer activa días, y por eso basta con una inyección semanal.
Los demás fármacos aprobados contra la obesidad se toman entre una y tres veces al día, y los autores del artículo señalan que una pauta semanal puede ayudar a la adherencia, es decir, al grado en que la gente sigue realmente el tratamiento, un problema clásico en las enfermedades crónicas.
Para perder peso hay que ingerir menos energía (calorías) de la que se gasta, y la semaglutida actúa sobre todo en el primer lado de la ecuación: la persona siente menos apetito y se llena antes, así que come menos sin depender únicamente de la fuerza de voluntad. Los investigadores atribuyen este efecto a acciones directas e indirectas sobre el cerebro, que es quien regula el hambre. No es un fármaco que "queme grasa".
Cómo se diseñó el ensayo
En el ensayo del equipo de Wilding participaron adultos con obesidad o con sobrepeso y alguna enfermedad asociada, pero sin diabetes. Durante 68 semanas, todos recibieron consejos de alimentación y ejercicio (la llamada intervención en el estilo de vida), de modo que el fármaco se probó como “complemento”, no como sustituto. Un grupo recibió semaglutida y otro un placebo: una inyección idéntica pero sin principio activo.
El placebo sirve para separar lo que hace el fármaco de lo que ocurriría de todos modos, porque quien participa en un estudio suele cambiar sus hábitos y perder algo de peso. Por eso el dato clave es la diferencia entre grupos ("efecto corregido por placebo") y no solo el resultado del grupo tratado.
Además, como se comparan muchas cosas a la vez (peso, tensión, colesterol...), aumenta la probabilidad de hallar diferencias por puro azar. Para evitarlo se usó un procedimiento jerárquico: se fija un orden previo, se evalúa primero el objetivo principal y solo se pasa al siguiente si el anterior resulta significativo.
La semaglutida superó al placebo en todos los objetivos.
Quienes recibieron semaglutida perdieron de media un 14,9 % de su peso. Una persona de 100 kg pasó a pesar unos 85 kg. El grupo placebo, que solo siguió las recomendaciones de estilo de vida, también perdió peso, lo que demuestra que esas medidas funcionan. La diferencia entre grupos fue de 12,4 puntos porcentuales. El 86 % de quienes recibieron el fármaco perdió al menos un 5 % de su peso, cifra que los médicos consideran clínicamente relevante. En el grupo placebo lo logró el 32 %.
La pérdida continuó durante más de un año: el punto más bajo de la curva, llamado nadir, no se alcanzó hasta la semana 60.
Efectos secundarios
Aun así hubo algunos efectos negativos en algunos participantes, los más frecuentes fueron digestivos: náuseas, vómitos y diarrea. Fueron leves o moderados y pasajeros, y aparecieron sobre todo al inicio. Por eso se sigue una escalada de dosis: se empieza con una dosis baja y se sube poco a poco durante semanas para que el cuerpo se adapte. Aun así, varias personas abandonaron el tratamiento por estos síntomas.
También hubo más problemas de vesícula, principalmente colelitiasis (cálculos biliares, "piedras" que se forman en la vesícula). Aparecen con más frecuencia cuando se pierde peso deprisa, porque el hígado libera más colesterol a la bilis. Los autores lo consideran coherente con lo ya conocido y concluyen que no surgieron problemas de seguridad nuevos.
En un grupo reducido de participantes se midió la composición corporal con una prueba llamada DXA, un escáner que usa rayos X de muy baja dosis para distinguir hueso, grasa y masa magra. La masa magra es todo lo que no es grasa ni hueso: sobre todo músculo, pero también agua y órganos.
Los resultados indicaron que las personas que tomaron semaglutida perdieron más grasa que masa magra, en línea con estudios previos. Perder algo de masa magra es habitual al adelgazar, y el artículo no permite concluir cuánto músculo se perdió exactamente, así que sigue siendo un aspecto que vigilar.
Más allá de la báscula
El grupo tratado mejoró más que el placebo en varios factores de riesgo cardiometabólico, las medidas que predicen la probabilidad de sufrir problemas de corazón, vasos sanguíneos y metabolismo (infarto, ictus, diabetes): perímetro de la cintura (ya que la grasa acumulada en el abdomen, alrededor de los órganos, es más dañina que la de otras zonas), presión arterial y lípidos, hemoglobina glicosilada (HbA1c) normoglucemia y proteína C reactiva.
También mejoró el funcionamiento físico según dos cuestionarios validados: SF-36 (salud general y capacidad física) y IWQOL-Lite-CT (cómo afecta el peso a la vida diaria: moverse, subir escaleras, autoestima, vida social).
Es por ello que los expertos concluyen que este tipo de medicamento puede ser muy útil para reducir las enfermedades cardiovasculares de las personas con obesidad, pero teniendo en cuenta los posibles efectos secundarios y cómo la rápida pérdida de peso puede derivar en trastornos de la conducta alimentaria.




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