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La verdad sobre la terapia del equipo de Barbacid contra el cáncer de páncreas

Naiara Martín
hace 4 días
6 min de lectura

Actualizado: hace 1 día

Mariano Barbacid en el programa televisivo ‘El Hormiguero’ el 03/02/2026. Fuente: Atresmedia


El pasado 25 diciembre de 2025, el equipo de Mariano Barbacid en el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) eliminó por completo el cáncer de páncreas en ratones con tres fármacos que evitan la resistencia del tumor, según un estudio publicado en diciembre de 2025 en ‘PNAS’. Los medios lo presentaron como una cura casi definitiva.


Uno de los cánceres más complicados 


El cáncer de páncreas es el quinto más común en mujeres y el octavo en hombres, y su supervivencia ronda el 10 %, según la Red Española de Registros de Cáncer (REDECAN) y la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM). Por eso es una de las enfermedades que más investigan los científicos en busca de una cura.


Uno de ellos es Mariano Barbacid Montalbán, bioquímico, investigador y profesor español especializado en oncología molecular. Entre sus hitos destaca el aislamiento del oncogén humano H-ras; un gen que, cuando se altera, puede provocar cáncer en un carcinoma de vejiga. Aquel hallazgo, publicado en ‘Nature’ en 1982, supuso un notable avance para entender las bases moleculares del cáncer.


A finales del año pasado Barbacid y su equipo del CNIO publicaron un nuevo estudio en ‘PNAS’, la revista de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos, con el apoyo de la Fundación CRIS contra el Cáncer. El artículo se titula ‘A targeted combination therapy achieves effective pancreatic cancer regression and prevents tumor resistance’ (en español, ‘Una terapia combinada dirigida logra una regresión eficaz del cáncer de páncreas y previene la resistencia tumoral’).


Según el trabajo, el tratamiento logró la eliminación completa del adenocarcinoma ductal pancreático, el nombre técnico del tumor estudiado, en ratones, sin efectos tóxicos observables y sin que el tumor desarrollara resistencia, es decir, sin que aprendiera a esquivar los fármacos. Para los autores, esto sugiere un importante avance terapéutico que podría llegar a trasladarse a los pacientes.


El estudio pasó desapercibido hasta el 27 de enero de 2026. Ese día, la Fundación CRIS contra el cáncer organizó una rueda de prensa en la que Barbacid explicó los prometedores resultados obtenidos en ratones y pidió apoyo para seguir investigando en esta línea.



Tres frenos a la vez


Para entender el hallazgo hay que fijarse en el gen RAS y en la proteína que produce. RAS pone en marcha una ruta metabólica, es decir, una cadena de reacciones químicas, dentro de la célula que acaba provocando el crecimiento de las células tumorales.


Hasta ahora, el tratamiento que recibían los pacientes consistía en un inhibidor, un fármaco que detiene esa ruta (representada en azul en el siguiente esquema). Pero esta no era muy eficaz: aunque se atacara a la proteína RAS, con el tiempo esta acababa mutando y el tratamiento dejaba de funcionar.


Dicho de otro modo: al bloquear la ruta de RAS aparecía otra (representada en verde) que producía el mismo resultado. Por eso, el estudio propuso usar dos inhibidores a la vez para cerrar ambos caminos.


Al hacerlo, los investigadores vieron que surgía una tercera ruta, la de STAT3 (en rojo), que también impulsaba la propagación de las células tumorales. La solución fue añadir un tercer inhibidor a los otros dos. En resumen, la terapia ataca a la vez tres puntos clave de estas rutas: RAF1, EGFR y STAT3.


La combinación funcionó en ratones y, después, en células cultivadas en placas de laboratorio, también con resultados favorables. 


El siguiente paso fue probarla con tumores de pacientes reales, que se inyectaron en ratones modificados genéticamente para parecerse más a los humanos. También fue un éxito: los animales sobrevivieron hasta los 200 días.



Esquema de las tres rutas de señalización que describe el reportaje: RAS (azul), la vía alternativa (verde) y STAT3 (rojo), que confluyen en el crecimiento y la invasión de las células tumorales. Incluye los tres puntos que bloquea la terapia: EGFR, RAF y STAT3. Procede de una revisión sobre cáncer de próstata. Fuente: Rybak, Bristow y Kapoor, ‘Oncotarget’ (2014), vía ResearchGate (licencia CC BY 4.0)

Un primer paso, no una cura


Los especialistas reconocen el valor del trabajo. Ainhoa Martín Martín, graduada en Biomedicina y trabajadora del Laboratorio de Evaluación de Tecnologías e Investigación Sanitaria (LETIS), lo resume así: “Esto va a alargar la esperanza de vida sobre todo en los pacientes que sean inmunes al tratamiento con la proteína RAS”. 


Martín matiza, sin embargo, que los resultados deberían haber superado los ensayos clínicos en personas, antes de saltar a los medios. Si el tratamiento falla en esa fase, no podrá aplicarse en humanos. 


Sandra Ortonobes Lara, graduada en Ciencias Biomédicas por la Universidad de Barcelona, con máster en Comunicación Científica y conocida en redes sociales como ‘La Hiperactiva’, explica que, si el tratamiento fuera eficaz y superara todas las fases, tardaría entre 5 y 10 años en llegar al mercado. Además, advierte de que uno de los fármacos empleados es mucho más tóxico para los humanos que para los ratones. 


Para Ortonobes, lo que debería ocurrir ahora es que otro equipo de investigadores repita el experimento. Aun así, concluye: “Este es un primer paso increíble, pero todavía nos queda mucha montaña por subir”. 



Conflictos de interés y un artículo retractado


A pesar del buen recibimiento mediático del estudio, este también vino acompañado de críticas. Muchos acusan a la investigación de tener varios conflictos de interés, es decir, intereses económicos de los autores que podrían influir en su trabajo.


Barbacid y las coautoras del artículo, Carmen Guerra y Vasiliki Liaki, figuran como “cofundadores de Vega OncoTargets”, una empresa creada para desarrollar y validar la terapia en fase preclínica, la etapa previa a las pruebas en personas. Barbacid es “propietario de 750 acciones”, el 9,77 % del total; Guerra posee 395 (el 5,15 %) y Liaki, 110 (el 1,43 %).


Los investigadores cuentan, además, con tres contratos con las empresas Mirati Therapeutics (2021-2024), Verastem Oncology (2020-2024) y la propia Vega Oncotargets (2025-2026). Los tres firmantes del CNIO declaran también tres patentes.

Barbacid declara, asimismo, acciones de las farmacéuticas Pfizer (3.241), Bristol Myers Squibb (3.000), Merck Sharp & Dohme (2.184) y Johnson & Johnson (1.042), valoradas en unos 730.000 dólares (626.807 euros). Según destaca, en todos los casos esa participación supone menos del 0,001 % de cada compañía. 


A pesar de ello los otros 21 científicos que firman el estudio no declaran ningún conflicto de interés.


El artículo de ‘PNAS’ fue retractado para volver a publicarse con cambios. La nueva versión incluye un apartado detallado de competing interests (conflictos de interés) sobre la participación accionarial y los intereses económicos de Barbacid, Guerra y Liaki en Vega Oncotargets, así como las solicitudes de patentes relacionadas con las moléculas estudiadas.


Tras la polémica, Barbacid anunció que renunciaría a beneficiarse económicamente del estudio y que se desvincularía de las patentes del tratamiento y de Vega Oncotargets. “El valor de mi investigación no se cuestiona”, afirmó.


Ortonobes añade dos críticas sobre la publicación. Según explica, como miembro de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos, Barbacid pudo elegir a los revisores la primera vez que lo publicó en ‘PNAS’. También señala que la revista ‘Nature’ rechazó publicar el estudio.



Del laboratorio a los platós


La rueda de prensa del 27 de enero hizo estallar a los medios de comunicación, y muchos afirmaron que se había encontrado una cura para el cáncer de páncreas. En febrero, Barbacid participó en ‘El Hormiguero’, el programa más visto de la televisión en España, donde el presentador, Pablo Motos, proclamó: “Es un milagro”.


La miniatura del vídeo de la entrevista en YouTube llevaba el titular “La cura del cáncer de páncreas”.


Miniatura de la entrevista del Dr. Barbacid y Lola Manterola presidenta y cofundadora de la Fundación CRIS Contra el Cáncer en el Hormiguero en Youtube. Fuente: Atresmedia

El eco llegó también al extranjero: ‘The Times of India’, uno de los diarios más leídos del planeta, tituló: “Un científico español descubre la cura del cáncer de páncreas”.


Los medios sirvieron también para pedir ayuda, porque los siguientes pasos de la investigación son muy caros y falta financiación pública. El objetivo se cumplió: se recaudaron 3,6 millones de euros. Incluso el actor Antonio Banderas anunció que su fundación, Lágrimas y Favores, aportaba fondos para apoyar la investigación liderada por Barbacid.


La noticia despertó una gran esperanza entre los pacientes y sus familias. Durante la explosión mediática, un centenar de personas con cáncer de páncreas escribió al CNIO para pedir ayuda al científico, y las redes sociales se llenaron de mensajes que pedían con desesperación algún medicamento. Para muchos, el experimento fue un destello de esperanza frente al dolor que conlleva esta enfermedad.


Los especialistas critican, sin embargo, cómo se comunicó el hallazgo. Para Martín, la rueda de prensa temprana pudo deberse a la necesidad de buscar recursos, ya que la investigación es muy cara y requiere mucha financiación. Ortonobes cree que se ha jugado con las expectativas de los pacientes y sus familias que afrontan uno de los peores cánceres actuales. “En descubrimientos así importa tanto lo que se cuenta como la forma de contarlo”, afirma. 


Ortonobes señala también que los medios se centraron en Barbacid, quien aparece como último en los créditos del artículo, cuando en él colaboraron más de 20 científicos.


El doctor en Genética y Biología Molecular Javier Sampedro y el bioquímico y divulgador científico Pere Estupinyà compartieron esa opinión en una entrevista en la Cadena SER: “Se debería haber sido más prudente”.


Este es un claro ejemplo de cuando una investigación trasciende las paredes del laboratorio para convertirse en una valiosa lección sobre los límites y la responsabilidad de la comunicación científica. 


La legítima urgencia por encontrar soluciones frente a enfermedades severas y la constante necesidad de financiación no debería comprometer el rigor ni precipitar los tiempos naturales de la ciencia. El verdadero reto de la sociedad y los investigadores debe consistir en equilibrar el progreso técnico con la máxima transparencia ética, protegiendo así la vulnerabilidad de los pacientes frente a las falsas promesas. Al final, el camino hacia una cura real requiere brillantez en las placas de cultivo como cautela frente a los micrófonos.





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