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La Antártida podría seguir perdiendo hielo incluso reduciendo drásticamente las emisiones

Foto del escritor: Diego de Tomás Pedrosa
Diego de Tomás Pedrosa
hace 4 días
3 min de lectura
Glaciares. Fuente: Felipe Trueba / EFE

Reducir las emisiones puede limitar la pérdida de hielo antártico, pero quizá no baste para detenerla durante este siglo. Esa es la conclusión de un reciente estudio publicado en Nature, que estima en un 92 % la probabilidad de que la Antártida siga perdiendo masa incluso en un escenario de emisiones muy bajas. Con emisiones muy altas, la probabilidad supera el 95 %. Además, una vez ajustados los modelos a las observaciones, el equipo calcula que hay al menos un 89 % de probabilidad de que el escenario de emisiones muy altas produzca más subida del mar que el de emisiones muy bajas.


Para llegar a estas estimaciones, un equipo liderado por Yucheng Lin reunió 340 simulaciones de 12 modelos de hielo antártico y creó un programa de aprendizaje automático mediante Inteligencia Artificial capaz de reproducirlas. Las simulaciones procedían de 16 grupos científicos. Después comparó sus proyecciones con observaciones satelitales de la pérdida de hielo entre 2002 y 2021. El método permitió probar cómo cambian los resultados según los supuestos sobre el clima, el deslizamiento del hielo y el deshielo bajo las plataformas flotantes.


Los investigadores comprobaron también si el programa podía reproducir simulaciones que no había usado para aprender. En las pruebas habituales, el error medio para las proyecciones de 2100 fue de alrededor de un centímetro. Cuando la prueba consistía en predecir configuraciones de modelos completamente nuevas, el margen de error aumentaba. Esto indica que el programa sirve para explorar los modelos existentes, pero no elimina la incertidumbre sobre cómo responderá la Antártida al paso del tiempo real.


En el escenario de emisiones más altas, la proyección central ajustada a las observaciones sitúa en 6,1 centímetros la contribución de deshielo antártico al nivel medio del mar en 2100. El intervalo amplio del estudio va de 0,1 a 14,8 centímetros. Es una estimación de la Antártida por sí sola, no de toda la subida del nivel del mar.

Los autores también estudiaron una vía de riesgo elevado: seleccionaron combinaciones de procesos que producen las proyecciones más altas. En ese análisis, la mediana asciende a 15,7 centímetros, y el percentil 95 llega a 25,4 centímetros. Esta última cifra no es la predicción más probable ni un máximo garantizado; describe la parte alta de un conjunto particular de escenarios que podrían llegar a darse en el peor de los casos.

Impacto geográfico desigual del derretimiento de la Antártida. Fuente: Y. Lin / Nature

¿Qué podría acelerar la pérdida? El océano puede derretir por debajo las plataformas de hielo que rodean el continente. Como estas plataformas frenan el avance de los glaciares asentados sobre tierra, su adelgazamiento puede facilitar que más hielo llegue al mar. En los escenarios de riesgo alto, este efecto se combina con supuestos que permiten un deslizamiento más rápido del hielo y un retroceso acelerado de los glaciares. El estudio plantea que esa cadena podría intensificarse, pero no afirma que vaya a ocurrir con seguridad.


La subida tampoco sería idéntica en todas las costas. Cuando el hielo antártico pierde masa, cambia ligeramente la atracción gravitatoria que ejerce sobre el océano; también influyen la rotación terrestre y los movimientos de la corteza. Por eso, la contribución local al nivel del mar puede diferir de la media mundial. El estudio calcula esos patrones regionales, aunque advierte que la incertidumbre depende, entre otras cosas, de dónde se produzca la pérdida de hielo.


Las cifras siguen siendo inciertas porque los modelos no representan todos los procesos de la misma manera. Algunos resultados incluyen una deriva propia del modelo: cambios en la masa de hielo que aparecerían incluso sin calentamiento adicional. Corregir esa deriva ayuda a compararlos con las observaciones, pero puede ocultar parte de la dinámica no lineal del hielo. La calibración con los datos satelitales reduce parte de la discrepancia, aunque no determina por completo cómo responderán procesos futuros poco observados.


Además, el análisis se limita a 2100: los autores consideran que el conjunto de simulaciones disponible no permite proyectar con suficiente confianza los cambios más intensos de los siglos posteriores. Tampoco incorpora algunos mecanismos debatidos de colapso rápido de los acantilados de hielo. Nuevas observaciones y mejores pruebas de los modelos ayudarían a estrechar esos márgenes.



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